La semana que termina ha sido
más productiva que la anterior, en cuanto al DEA. Todavía me falta un poco, pero ya mi director de Tesis le ha echado un vistazo a lo que llevo redactado, y
también se ha decidido el tribunal... La fecha, todavía no se sabe, pero será para
mediados de noviembre, seguramente.
En cuanto a las clases... la semana ha sido un poco más
durilla, digamos.
No hay mucho que comentar... Simplemente, estamos ya en el momento del cuatrimestre en que has contado todas las cosas básicas, los temas introductorios en los que casi ningún alumno se pierde, y ahora comienza lo bueno.
Pues bien, tanto en la asignatura que doy los jueves, como en la que sólo doy prácticas este año (los miércoles por la tarde), ese salto de dificultad ha salido mal; la gente la mayoría de los alumnos se perdió.
Y en gran parte ha sido debido a que no he sabido medir bien la dificultad de lo que estaba explicando... No he diseñado bien esa parte del programa, o como se diga.
En el caso del jueves, quise hacer una práctica basada en algo que acababa de explicar y que no se había entendido bien. No fue un caos, pero sí que se notaba que muchos alumnos iban perdidos.
Tanto en esa asignatura como en la que comparto este año con La Motera, aún estamos a tiempo de rectificar, y lo vamos a hacer: dedicaremos la semana que viene a la típica clase de repaso (dar un pasito atrás antes de seguir adelante) en la que se intenta apagar el fuego, o sea, calmar a los alumnos que empiezan a ver que de repente no entienden nada.
Bueno, tampoco fue tan radical ni catastrófico, pero sí que se corre el riesgo de perder a muchos alumnos para el resto del curso, si no se hace la típica clase de "A ver, el otro día esto no quedó claro para la mayoría. Pues ahora vamos a machacarlo más. Atentos todos, pues."
Es normal pensar: "¿cómo es posible que lleves dando esta asignatura tantos años y que todavía te pasen estas cosas?" Bueno... Cada año es distinto, y siempre hay cosas difíciles de explicar. Los alumnos son distintos, y recuerdo veces en que, con menos esfuerzo por mi parte, se enteraban más rápido. Eso por un lado.
Por otro lado, sí que es cierto que no suelo ser muy metódico (aunque sí mucho más que otros profesores que conozco) y, por ejemplo, no me apunto exactamente lo que he hecho cada año, ni tengo un esquema exacto de cada clase que voy a dar, en plan apuntes del profesor. Improviso un poco, y pienso que NO está mal, en absoluto (además de que es lo que hace que no me aburra nunca de dar clase).
En definitiva... Veo que todavía voy aprendiendo a cómo dar mejor las clases, o al menos algunos temas en concreto.