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Búscalo en la Wikipedia. Zopenquidad

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Me parece alucinante, flipante... y triste.

Hoy, dos personas distintas me han hablado de dos profesores diferentes de mi Unviersidad (de departamentos distintos) que, ante una pregunta de sus alumnos sobre temas directamente relacionados con el contenido de la asignatura, han respondido: "Búscalo en Google" y —atención a esta— "Míralo en la Wikipedia. ¿A que ahí lo ves mejor explicado?"

¿Pero dónde vamos a ir a parar? ¿Qué estamos enseñando a los alumnos? ¡Es que estas son respuestas propias de Groucho Marx!

Ojo, que quede claro que me parece perfecto fomentar el uso de nuevas herramientas; todo lo que haga falta, por mejorar y facilitar el proceso de aprendizaje, adaptándolo a los nuevos tiempos. Voto NO a las hojas amarillentas de apuntes que utilizaba un profesor mío para dar clase.

Pero, de ahí a eludir una responsabilidad, demostrando además ignorancia, jeta, falta de interés y de respeto hacia el alumno, ausencia total de profesionalidad... va un abismo.

Tengo una duda: ¿cómo llamar a la cualidad de ser zopenco? ¿Zopenquidad?

Con piezas como éstas, y a pares, no me extraña nada eso de que estamos los últimos en un ránking de no-sé-qué.

¿El arte de la docencia, o la rutina de dar clase?

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Como ya veis, ando atareado y escribo poco aquí.

Sólo puedo decir que es buena señal, en este caso, porque la verdad es que estoy bastante centrado en la parte de revisión bibliográfica de mi Tesis.

Pero siempre hay lugar para enlazar (no me da tiempo a comentar) varios posts del siempre interesante blog de Lola, El Lolaberinto.

El tema común a todos ellos: el arte de la docencia, y cómo algunos lo transforman en una penosa rutina. Recomiendo este blog, y estos post:


Y algo que no tiene nada que ver con la docencia, pero que recomiendo:

Nuca digas este cura no es mi padre... ni esta no es mi nota

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De las muchísimas anécdotas que ha dejado este cuatrimestre, está la de un alumno que me escribió indignado con su nota. ¡Y eso que ni siquiera se la puse yo!

Hay gente para todo. Y hay alumnos que a veces se salen un poco de su papel, bien por ignorancia, bien por arrogancia...

El caso es que publiqué las notas de la asignatura que comparto con JR, y al poco tiempo recibí algunos e-mails de queja —sí, de queja— de algunos alumnos. La verdad es que JR corrigió bastante bajo, comparado conmigo, pero también es cierto que dejó algunos alumnos con 4,75 que después en revisión iba a subir a 5 (no lo hizo directamente porque es la primera vez que trabaja con nosotros y no sabía si la costumbre en esta asignatura era cargarse a la gente con 4,9 o no).

Me escriben a mí porque saben que yo contesto a los e-mails y JR no. [Esto será objeto de otro post, más adelante.]

La mayoría de los alumnos suavizaron su queja con un tono formal de extrañeza, preguntando educadamente por las tutorías, la revisión de exámenes, etc. Pero hubo uno que fue directo al grano.

No puedo reproducir el correo, pero, en pocas palabras, este es el resumen de lo que me decía:
  • Ha recibido el e-mail con su nota (el examen se lo corrigió JR), pero quiere comprobarla y no sabe buscarla en el listado que también se publica en Internet, accesible sólo a los alumnos. [Por supuesto, sí estaba publicado.]
  • Le extrañaría mucho que esa fuese realmente su nota. Me cuenta un rollo acerca de cómo se supone que dijo JR que iba a corregir los exámenes. Cree que el desarrollo de las preguntas no lo puede tener tan mal.
  • Me pide que YO le revise el examen de su parte, porque se va al extranjero y no podrá asistir a la revisión.
  • Quiere que le digamos su nota por ejercicios (saber lo que ha sacado en cada pregunta, vamos).
  • ATENCIÓN A LA POSTDATA: "PD: Es totalmente imposible que tenga esa nota".


Cuando lo leí, simplemente aluciné. Es posible que un profesor se equivoque al corregir. Es posible —y probable— también que la percepción que tiene un alumno de lo bien o mal que ha contestado el examen sea muy distinta de la evaluación real que efectúa el profesor. He tenido algunos alumnos insolentes o prepotentes en tutorías y en revisión de exámenes. Pero esto, algo de este estilo, es la primera vez que lo leo, la verdad.

Por cierto, la nota que le pusieron era un 3,85, y me he esperado a escribir esto hasta que pase la fecha de revisión de exámenes. Efectivamente, se ha quedado con un 3,85.

Como dijo Zoe al contarle esta anécdota: "Nunca digas este cura no es mi padre, de este agua no beberé... ni esta no es mi nota".

Convocatoria de gracia

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Algunos momentos graciosos tenemos que tener. Unos ex alumnos comentaban hoy con Zoe, mi compañera de despacho, qué es eso de la convocatoria de gracia.

"Pues que te aprueban si les haces gracia", ha dicho alguien.

No sé si se da en todas las universidades; la convocatoria de gracia se solicita cuando te quedan pocos créditos para terminar la carrera y hay una asignatura que... se te resiste.

Me alegro de que haya profesores así

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Ya se acerca el final del curso, y no soy el único profesor que se encuentra cansado y saturado.

Aun así, siguen habiendo encuentros con personas que te alegran el día, como Ruso.

Al terminar mi clase de 8.30 a 10.30h de los miércoles, me he cruzado con una compañera, que ponía cara de agobiada. El final de curso nos afecta a todos. En mi caso, se debe en parte a la acumulación de clases, y el estrés por intentar terminar toda la materia, pero veo que es algo general, quizás debido simplemente al desgaste de todo el curso. En definitiva, todos tenemos ganas de acabar el cuatrimestre ya (los alumnos también, supongo).

He ido a una de las cafeterías del campus a almorzar, antes de continuar con la marcha, y allí he coincidido con Ruso, un profesor asociado a tiempo parcial, pero de los medianamente veteranos (lleva ya unos 3 ó 4 años dando clases).

Ruso es un tío muy especial, muy divertido, sobre todo por lo despistado que es, pero también por su carácter humilde, honesto, inocente y transparente. Poco a poco ha ido ganando experiencia en dar clases, y lo compatibiliza bastante bien con su otro trabajo (los asociados a tiempo parcial se supone que trabajan fuera de la Universidad, en el mundo real).

Además, se nota que lo vive, que le gusta dar clases, preparárselas bien (lo cual tiene mucho mérito, dado que tiene otro trabajo), y es bastante constante, en todos los sentidos.

Él también me contaba que está cansado y deseando que llegue pronto el final de mayo. Pero, además, quería compartir aquí otro pensamiento suyo, que me ha alegrado el día, como decía al principio.

Ruso piensa que lo mejor de dar clases es lo mucho que uno mismo puede llegar a aprender y a crecer. Tal cual. Me he quedado maravillado al oírlo. NO ha dicho, por ejemplo: "lo mejor de ser asociado a tiempo parcial es que, con poco esfuerzo, me saco un dinerillo extra". No. De hecho, él, para poder dar bien sus clases, pidió una reducción de jornada del 20% en su trabajo.

Él cree que dando clases, aprendes mucho, simplemente porque para poder explicar algo bien, necesariamente tienes que entenderlo tú bien antes. Y al buscar maneras de explicarlo y de hacerlo entendible para el resto de gente, tú mismo descubres matices y detalles o enfoques alternativos de la materia que estás tratando que, de otra manera, pasarían desapercibidos.

Además, en su caso, lo que explica en la Universidad le está sirviendo también para aplicarlo en su trabajo, y lo está disfrutando aún más.

Es genialmente simple, o simplemente genial.

Cuando nos hemos separado, cada por su camino, le he dicho (y no era una coletilla, esta vez): "me alegro de haber charlado contigo".

Maratón final de clases

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No escribo desde hace días. He estado liado, sobre todo, avanzando trabajo relacionado con la consultoría que estamos llevando a cabo para una empresa.

Ese asunto va bastante bien. Como otras (recientes) veces, incumplí un poco una fecha de entrega, para la cual debía tener hecha una primera parte de lo que estoy haciendo. Pero no pasó nada; los de la empresa no lo han percibido como un retraso, y de momento ya tienen faena sólo con leerse lo que les he mandado.

Y sigo con ello. Todo este próximo mes de mayo, que ya está ahí, lo voy a dedicar a terminar mi parte de este proyecto. Será una buena experiencia, finalmente, y es posible que nos surjan nuevas colaboraciones con la misma empresa más adelante; ojalá.

Todo ello supone dinerito, que va haciendo falta, pa' qué vamos a negarlo. Estoy a punto de cobrar ya también el curso que di en inglés. No lo he hecho todavía porque el papeleo es bastante lento, y porque no he tenido tiempo de ir a recoger el cheque, que me está esperando...

Otra que me está esperando es la Tesis, pero está claro que no la voy a poder tocar hasta junio (a pesar de lo que me propuse). Ahora bien, debería intentar ponerme con ella en junio, y no en julio.

Para el verano tengo también otros propósitos, no académicos, como son: dedicar tiempo al ejercicio (bicicleta, correr), y a mejorar mi inglés. Esto último, lo tengo totalmente abandonado, a día de hoy, por desgracia, a excepción de las prácticas semanales con mis alumnos Erasmus.

Bueno, el caso es que me he propuesto que este verano sea, de verdad, el típico y clásico momento del año donde dedicas tiempo a actividades importantes (pero no urgentes) que has tenido que dejar de lado durante el curso. Actividades enriquecedoras, que te completan o complementan como persona. Suena raro, pero así lo veo. He pensado mucho en eso: hay cosas que, en el día a día, no son importantes y acabas no dedicándoles tiempo, pero que conviene poner en marcha, y no dejar en el olvido. Cosas que son estratégicamente importantes, o importantes a largo plazo.

El ejercicio no lo he abandonado por completo, pero hoy es el primer día que he vuelto a coger la bicicleta para venir a la Universidad, desde hace semana y media, o más. Ha sido por motivos climatológicos (estos días ha hecho mucho viento y/o lluvia), pero también por causas/excusas logísticas, digamos: muchos días he tenido que cargar con bastante material, incluido mi portátil, y se hacía complicado ir en bici. También, preveía que iba a volver tarde a casa, y prefería hacerlo en transporte público o en coche. Y también, he visto que necesitaba volver a casa a comer y hacer siesta, para aguantar mejor la tarde (nunca he hablado de mis siestas... ya lo haré otro día).

Bueno, y volviendo a la crónica de actividades... Estos días están siendo bastante tranquilos, en lo que a docencia se refiere, aunque ya he comenzado la maratón de prácticas que comenté: 7 grupos de prácticas, de 2 horas de duración cada uno, esta semana y 3 semanas más de mayo. Supone doblar prácticamente mis horas semanales de clase, y repetir 7 veces lo mismo, y vivir casi en la Universidad (hoy miércoles terminaré a las 21.15h mis clases, y mañana a las 8h ya estoy otra vez en la tarima). De momento llevo 1 de 7, y bien; buenas sensaciones. Además, me permite conocer a otros alumnos que no tengo en clase de teoría (yo imparto 2 de los 4 grupos de teoría de esta asignatura).

Ah, bueno... Se me olvidaba comentar que, finalmente, el Profesor Fantasma no da sus clases, aunque expresó su intención (ya lo contaré mejor si tengo tiempo), y eso hace que, de rebote y en el último momento, a otro profesor del Departamento le haya tocado dar 2 de los otros 3 grupos de prácticas de la asignatura que acabo de comentar. El décimo grupo lo hemos tenido que cancelar, porque el sustituto involuntario ya no podía asumir más clases. Una vergüenza: un tío que cobra por dar clase, y que no las da. Ya lo explicaré un poco mejor, si puedo. Remito a mis posts anteriores sobre el tema.

Bueno, veremos si mi garganta aguanta el ritmo de clases.

Los árbitros siempre son los malos

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Se llaman referees, en inglés, igual que los árbitros de fútbol, aunque en español solemos referirnos a ellos como los evaluadores. Son los encargados de valorar si un artículo de investigación merece ser publicado o no, en una revista.

Cada revista científica tiene sus referees. No hay que hacer nada especial para ser referee. Sencillamente, empiezas a publicar artículos y, un buen (?) día, recibes una invitación de los editores de alguna revista para evaluar un artículo que les ha sido enviado.

Ser referee no se paga, y puede llegar a convertirse en un marrón, porque si los editores ven que lo haces bien, te envían más artículos para su revisión. Es el caso de mi compañero Chus, por ejemplo.

La mayoría de las revistas utilizan un sistema de evaluación ciego; es decir: tú no sabes quiénes son los referees que van a juzgar tu artículo.

Los editores envían tu artículo a tres referees, habitualmente (cada uno, además, desconoce quiénes son los otros dos). Después de leerlo, cada referee emite un dictamen individual, que puede ser de aprobación sin reservas, con reservas menores, o con reservas mayores, o bien de desestimación. Se supone que deben justificar su valoración y, en el caso de las reservas menores o mayores, indicar qué debe ser modificado o añadido en el artículo, en su opinión, para darle su visto bueno definitivo. Y aun en una segunda revisión, con los mismos referees, tras las modificaciones, te pueden tumbar el artículo.

En el caso de una revista a la que Zoe y Chus han enviado un artículo, se lo han tumbado porque, de los tres referees, uno lo ha rechazado directamente, otro lo ha aprobado con minor modifications (o sea, con reservas menores) y otro lo ha aprobado con major modifications (reservas mayores). La política de los editores de esta revista concreta, es rechazar directamente el artículo, en este caso.

Lo chungo viene cuando lees las argumentaciones de los referees; algo así como el acta arbitral en los partidos de fútbol, sólo que aquí cada referee justifica su decisión por separado, como acabo de comentar.

Hay muchas ocasiones en que las justificaciones que dan los referees sugieren que no han entendido bien el sentido del artículo, en todo o en parte, o directamente son incorrectas (por ejemplo, pueden objetar "en el artículo no se ha demostrado A", cuando en realidad sí lo has hecho, pero no se han dado cuenta). Por tanto, esas objeciones mayores o menores, en ocasiones, se podrían salvar con un simple diálogo (por e-mail, y a través de los editores, se entiende).

En este caso, Zoe y Chus lo han hecho (enviar un e-mail), y los editores les han propuesto que un cuarto referee evalúe su artículo; han tenido suerte (aún no sé si aceptarán, de todas formas). Pero otras veces, las normas son aplicadas con más rigidez, y te quedas con un artículo rechazado simplemente porque los referees que te han asignado son muy estrictos, o tenían un mal día, o son unos incompetentes.

Lógicamente, nadie te impide enviar el artículo a otra revista. Pero el proceso de revisión en algunas revistas es lentísimo, y pueden pasar años desde que envías un artículo hasta que te lo publican. Aun en el caso de que te lo aprueben a la primera, sin reservas, hay una demora de bastantes meses desde la aprobación hasta la publicación (a veces en las pruebas de imprenta se detectan erratas, etc.).

El proceso de revisión es mejorable; por ejemplo, podría haber una segunda ronda, si te lo rechazan, para comprobar si realmente el artículo es malo, etc. Pero eso supondría un colapso mayor (no hay mucha gente que quiera ser referee y que lo haga bien, porque precisamente están ocupados escribiendo sus propios articulos).

En algunas revistas, se paga para poder enviar un artículo. Así, se evita que la gente envíe artículos malos "por si cuela", pero se penaliza a los investigadores de los países mas desfavorecidos.

Crear referees de pago tampoco es la solución (sería lo equivalente a profesionalizar los árbitros, en el caso del fútbol español), porque se supone que se les exigiría más, dejarían de investigar, y eso les invalidaria como referees (además de que la mafia que se crearía alrededor del tema sería peor que la enfermedad).

La conclusión es que, como en el fútbol, los árbitros (referees) siempre son los malos de la película, lo hagan como lo hagan, y que, al menos, somos libres de criticar todas sus decisiones, independientemente de cuáles sean. Lo malo es que, forofismos a parte, las decisiones de estos árbitros son más trascendentes para nuestra vida diaria que las de los campos de fútbol.

¿Qué va a salir en el examen?

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Como comentaba en mi anterior post, se avecina un periodo de exámenes extraordinarios, en algunos de los centros en los que impartimos clase.

A mi compañera Zoe le ha llegado uno de esos e-mails de alumnos que merecen ser conservados con triple copia de seguridad :-D :-D :-D.

El alumno en cuestión, bastante preocupado (según se deduce del e-mail), le pregunta, en pocas palabras, si el examen contendrá un ejercicio de tipo A, como el año pasado, o de otro tipo. Tal cual. Le ha faltado decir: "Así sé lo que me tengo que estudiar, y lo que no".

Ella no quería perder ni un minuto de tiempo en responder. Yo le he sugerido que podría contestarle: "A ti, por preguntar, te haremos un examen especial en el que aparecerá de todo".

Chus, que también da la asignatura, le ha dicho que le conteste: "Supongo que todos tus compañeros desearían saber la respuesta a lo que me preguntas. Lamentándolo mucho, no puedo contestarte a eso ahora, pero tendrás tu respuesta en el momento en que te entreguemos el enunciado del examen". Chus es experto en dar respuestas cortantes a los estudiantes... poco estudiosos, digamos.

La crisis de las primeras semanas

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Es algo que puede suceder, cuando comenzamos un cuatrimestre. En este caso, ha sido a un profesor de otro Departamento.

Un profesor joven, comprometido con la enseñanza, pero también muy volcado en su labor de investigación. Asignatura de último curso de carrera.

Las primeras semanas de clase, todo son buenas intenciones, tanto por parte de los alumnos como del profesor. En el caso de este profesor, plantea ejercicios, fomenta la participación, intenta plantear la asignatura de un modo algo diferente al habitual, pero sin extravagancias. Con su estilo personal.

Pero llega el momento en que ya ha pasado el típico tema de introducción, y la materia a explicar es cada vez más complicada. Y los alumnos comienzan a estar un poco pasivos, a no responder (es que no han estudiado nada, y comienzan a no entender nada, claro). Y el profesor, quizás, comienza también a no estar ya tan fresco como en las primeras semanas.

Y, entonces, pierde la compostura, se olvidan las buenas intenciones, y suelta, amenzador: "Si nos ponemos así, yo paso de realizar clases activas; me planto en la pizarra, comienzo a hablar y os doy la clásica clase magistral". Silencio sepulcral. Mal rollito.

Después, la sitación se reconduce, y el profesor pide disculpas.

Yo mismo ya comenté que ayer perdí un poco la paciencia ("a nadie le gusta hablar para que no le escuchen").

Es el momento crucial en que te cabreas por primera vez con tus alumnos. Depende de cómo manejes la situación, todo puede quedar en una anécdota, o en una brecha permanente. Normalmente, te sirve para marcar el terreno. Idealmente, no debería ocurrir, pero a veces no se puede evitar. Y, a veces, es necesario, porque hay alumnos que no saben comportarse en clase, por desgracia. Pero ese ya es otro tema.

Saber gestionar un grupo de alumnos, una clase, no es trivial.

Bueno, ha sido un ejemplo (real) de la típica crisis de las primeras semanas.

Ah, ¿que cómo me he enterado, de la anécdota? Bueno, secreto profesional.

Semana larga

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Sigue avanzando el cuatrimestre. Ya voy conociendo a mis nuevos alumnos, ya voy viendo cómo responden, cómo (intentar) captar su atención... Las sensaciones son buenas, de momento.

Esta semana ha resultado un poco larga
, debido, entre otras cosas, a las clases del profesor fantasma. Por otro lado, he tenido tiempo hasta de realizar algunos ejercicios de inglés con Zoe, mi compañera de despacho.

Mis alumnos de este cuatrimestre son muchos y muy variados, dado que imparto ahora tres asignaturas diferentes. Ya comenté que en esta segunda mitad del curso tengo concentrada casi toda la docencia, y eso empieza a notarse: clases todas las mañanas (por suerte, las tardes las tengo para investigar, o al menos, intentarlo), bastante pronto (martes, a las 8h; miércoles a las 8.30h; jueves, a las 8h), y bastantes horas seguidas, en ocasiones (lunes, 3 horas casi seguidas; miércoles, de 8.30 a 14h sin parar, aunque sólo durante 3 ó 4 semanas; después tendré un hueco de 2 horas, los miércoles).

He conseguido repetir asignaturas por tercer curso consecutivo, y la verdad es que se nota (ya me las sé  :-)). Incluso he podido elegir, en algunas de ellas, si daba sólo prácticas, o sólo teoría.

Concretamente, hay una asignatura en que venía impartiendo sólo la teoría, y este año he decidido dar sólo prácticas. Son mucho más cómodas, ya que, en estas prácticas, los alumnos no tienen que entregar ninguna memoria; y creo que disfruto más que en las clases de teoría, en que me pasaba dos horas hablando sin parar, porque había mucho temario que dar, en poco tiempo. Acababa agotado, la verdad. En las prácticas, me dedico más a recalcar las cosas importantes, repasar y afianzar conceptos o técnicas, dar pistas para que sepan cómo enfocar los ejercicios...

En otra asignatura, es justo al revés. Prefiero dar sólo la teoría, porque las prácticas son obligatorias, y los alumnos van porque hay que ir, muchas veces, y con poca motivación. Además, reconozco que este año me he llevado una gran sorpresa, con el grupo que imparto, porque están mucho más atentos y motivados que los que tuve en años anteriores... ¡Por fin veo la luz, en esta asignatura!

Esta última asignatura es, justamente, en la que nos ha tocado cubrir las clases del profesor fantasma. Por cierto, que el hombre ha expresado su intención de dar las clases, finalmente (cuando me lo contaron, ni me lo creía). Pero, dado que se prevé que esté muchas veces de viaje, congreso, etc., la profesora responsable de la docencia en el Departamento (una auténtica Santa) ha decidido que ella dará sus clases. O sea, que el marrón se lo come ella, finalmente. Para el curso que viene sí se espera que el profesor fantasma dé sus clases. Pero ya se verá.

Lo más pesado de la semana ha sido, justamente, cubrir las clases del profesor fantasma. El viernes, ya estaba yo pensando en la siesta y posterior tarde "de sofá" de que iba a disfrutar, cuando de repente recordé que me había comprometido a dar la clase verpertina del profesor fantasma. Fue como si una nube de tormenta se hubiera situado sobre mi cabeza (a pesar del sol primaveral que nos hizo ese día). Mi cara y mi ánimo cambiaron de repente. Tampoco es que me entrara mala leche, pero sí me quedé... entre pensativo y resignado. ¡Qué pocas ganas tenía!

Para colmo, los alumnos del profesor fantasma tenían esa tarde todavía menos ganas que yo de estar allí, así que la clase resultó un poco penosa. Pero mejor no se puede hacer, con esas condiciones (la mayoría de los alumnos, para colmo, no habían venido a la clase anterior, y me tocó casi repetir lo mismo).

Dentro de todo el montón de clases (y reuniones para temas de investigación y otros, que ya comentaré en otro post), el jueves tuve tiempo de practicar con Zoe, mi compañera de despacho, un poco de inglés, con la ayuda de la revista de Vaughan (Vaughan Review). La verdad es que estudiar inglés con alguien tiene mucho más sentido y aliciente que solo. Nos reímos un montón, y constatamos, una vez más, que la falta de práctica de un idioma atrofia la habilidad de hablarlo. O sea, que no dimos pie con bola. Nos costaba mucho construir las frases, y más todavía que fuesen correctas. Pero valió la pena, claro.

Bueno, en resumen... Intentando adaptarme al ritmo del cuatrimestre. De momento, estoy contento por cómo me estoy organizando. Estoy con ánimos, pero desearía tener más tiempo para investigación. El poco que tengo, me cuesta aprovecharlo al máximo. Ahora mismo, estoy redactando un articulillo para un congreso. Pero ya lo cuento otro día.

El profesor fantasma

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No tengo por costumbre hablar mal de compañeros... en este blog.   ;-)

No quiero utilizar el anonimato (veremos cuánto dura) para explayarme criticando a mis compañeros de trabajo, ni contar intimidades de nadie... He intentado ser cuidadoso con eso... hasta ahora.

Y lo voy a intentar seguir siendo. Únicamente, me limitaré a contar hoy una de las muchas experiencias extrañas que pueden vivirse, siendo profesor universitario en España.

En nuestro Departamento hace años que estamos rondando el 95% de saturación, en lo que a docencia se refiere. Ese porcentaje es, simplemente, el cociente entre el número de créditos que debe impartir el Departamento (según la docencia que tiene asignada) y el número de créditos que puede impartir como máximo el Departamento (según la docencia que tiene contratada, es decir, según los créditos que puede impartir como máximo cada profesor).

Eso significa que todos estamos impartiendo cerca del 95% de la docencia máxima que podríamos impartir (33 créditos, en mi caso, como ya sabréis los que me leéis).

Y, por tanto, eso significa que si estornuda un profesor, y cae enfermo, al otro lado del Departamento otro profesor puede tener que reorganizarse como pueda la semana para cubrir esa baja, en una especie de inevitable efecto mariposa. Y estamos obligados a ello, o medio obligados, pues el Vicerrectorado de turno no concede la contratación de nuevo personal si la dichosa saturación no supera el 95% (y lo rozamos, pero no lo superamos) y la baja es de corta duración.

Puestos ya en antecedentes, suponed ahora que hay un profesor que el año pasado aterrizó en el Departamento (casi sin pedir permiso a la torre de control). No sé muy bien por qué, pero creo que necesitaba pertenecer a mi Universidad para poder ocupar cierto cargo político (creo que se trataba de un cargo de ámbito autonómico).

Pues bien, tal profesor existe, y hace poco dejó de ocupar dicho cargo, aunque ahora realiza otras tareas de gestión universitaria. Pero en mi Universidad, todos los profesores que ocupan cargos de gestión, excepto el Rector, están obligados a impartir un mínimo de 8 créditos por curso.

Y ahí comienza el lío. A los 9 profesores que impartimos en este cuatrimestre una macroasignatura con 9 grupos de teoría y unos 25 grupos de prácticas, nos ha tocado como compañero de viaje al que, a partir de ahora, llamaré el Profesor Fantasma.

Sería tan fácil como que el hombre se pusiera a impartir los 8 créditos que le corresponden, en nuestra asignatura. Pero a nadie se le pasa por la cabeza la extraña idea de que eso vaya a suceder.

Lo último que sé es que este Profesor Fantasma ha conseguido otro carguito público, lo cual sí le permite no dar clase oficialmente, y que se le pueda buscar un profesor sustituto (en este caso, sí que se realizaría una contratación, concretamente de un profesor asociado a tiempo parcial).

Pero la situación en estos momentos es la siguiente: llevamos una semana y media de clase. Hasta el momento, tres profesores distintos nos hemos ido repartiendo las clases del Profesor Fantasma, por no dejar a los alumnos sin clases. No sabemos si algún día alguien nos devolverá el favor. No tenemos por qué dar esas clases, porque el hombre todavía no ha presentado ningún papel ni contrato, y por tanto debería estar dando sus clases.

Y, cuando lo presente, si lo presenta, entonces se iniciará el procedimiento para convocar el concurso público que terminará con la contratación de un profesor asociado, a no ser que se contrate a alguien por vía de urgencia, que se puede hacer.

Un marrón en toda regla, al que dan ganas de negarse, si no fuera porque los alumnos no tienen la culpa de nada. Y la verdad es que hoy, pese a haber tenido menos de una hora para comer y digerir 3 horas previas de clase, no lo he pasado mal, con las clases extra. Son majetes, los alumnos del Profesor Fantasma. Tendrá suerte, el tío...

Como he dicho al principio, no pensaba criticar a compañeros; de hecho, al Profesor Fantasma, ni lo conozco. Sólo conozco su nombre, y su cara, por fotos. Sólo sé que, cuando se aprobó su traslado al Departamento, nos prometieron que nunca impartiría clases, dado que tenía su cargo político. Ahora, aquí, el que más y el que menos, piensa: "cómo nos la han metido..."

Quizás dentro de un tiempo nos riamos de esto, pero...

Son cosas que no pasarían nunca en una empresa seria, pero que suceden en la Universidad Española del Siglo XXI, la que avanza a marchas forzadas y contra su voluntad hacia el modelo europeo de Educación Superior. Y se podría hacer un libro (o un blog, mismamente) con todas ellas.

Cosas buenas, cosas malas. Días buenos, días malos

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Siento la ausencia. Tenía cosas más importantes y/o urgentes, y he ido relegando este blog a un segundo plano, lo siento. Tengo varios posts a medio escribir; algunos aún se pueden rescatar, y otros, no.

En este mes y pico en que he estado missing, han sucedido cosas interesantes y divertidas, que merecen ser contadas, aunque sea de manera resumida. Y lo haré, en un próximo post.

Pero hoy toca hablar de algo desagradable. Un profesor, un compañero del Departamento, ha muerto. Hasta hace unos días, estaba trabajando con él en la preparación de una asignatura, para el cuatrimestre que viene. Y ahora, simplemente ya no está.

Una persona joven, con un hijo de 7 años. ¿Qué más se puede decir? Aquí ya no se trata de profesores, se trata de personas.

Me he encontrado otras veces, no muchas, con la muerte de personas queridas o allegadas. Esta me ha impactado, por lo inesperado. Esta persona tenía toda una vida por delante.

Pienso también mucho en su familia, en sus padres...

Por primera vez en mucho tiempo, casi todos los profesores del Departamento nos encontraremos hoy todos juntos, para despedir a R., en el Tanatorio Municipal.

Profesores invitados

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La semana está yendo bien. El lunes noté un poco de bajón, pero más que nada era cansancio, porque durante el fin de semana no descansé mucho.

De hecho, la semana se me ha pasado volando... Y el DEA, me parece que hace una eternidad, la verdad.

Sigo sin ponerme al día en la corrección de las prácticas. Este año, en lo que a docencia se refiere, estoy viviendo de rentas, la verdad. Ni siquiera he actualizado las transparencias ni las colecciones de cuestiones y ejercicios... Es normal (hay que dedicar tiempo a la investigación; y, además, estaba el DEA); sólo es que me sorprendo de que haya sido capaz de hacerlo. De todos modos, tampoco es cuestión de pasar de los alumnos (y no lo hago, creo).

Hoy ha sido un día un poco caótico. Primero, clase de 8 a 10h (y me han pasado la encuesta de evaluación del profesorado; ya comentaré algo sobre esto otro día).

Después, llevar mi antiguo ordenador personal de casa a una tienda donde te lo pueden actualizar, etc. Va tan lento, el pobre, que le cuesta siglos iniciar sesión; al final lo he tenido que dejar allí, para que le pongan más RAM y más ROM (ahora se dice más memoria y más disco duro; realmente ROM es otra cosa).

Después, vuelta a la Universidad, donde he inscrito un trabajo para un congreso a través de su página web, en el día en que terminaba el plazo (la dead line, o fecha de muerte, como decía alguien alguna vez).

Y luego, he asistido de 16 a 18h a la primera de las tres charlas que tiene previsto impartir un profesor extranjero que está realizando una estancia en nuestro Departamento. No me he enterado de mucho, la verdad. He ido más para hacer bulto que otra cosa.

[Nótese que no he puesto en ningún momento que haya parado para comer... Eso sí, he almorzado bien.]

Bueno, volviendo al profesor extranjero... Es una lástima: éramos 5 asistentes a la charla, y todos íbamos más o menos por compromiso. Es un tema del que se puede aprender, pero la gente va siempre muy a la suya, la verdad. Yo no habría ido si no es porque mi director de Tesis tiene relación con este profesor.

El hombre es muy curioso. Procede de un país de la Europa del Este, y su inglés es muy... no sé... particular, podríamos decir. Cuesta entenderle, hasta que pillas su acento, digamos.

Cuesta mucho dinero y esfuerzo traer a un profesor invitado, para que luego la gente pase de él. Es difícil dinamizar la investigación. La gente va a su bola. Me incluyo.

Me tengo que marchar... Continuaré escribiendo sobre cosas de esta semana. Aún no he contado qué he hecho después de la charla (y hasta hace un rato)...

Conclusiones del DEA

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Como prometí, un último post sobre el DEA (para enterrarlo definitivamente y seguir adelante).

Quiero escribir aquí las conclusiones que, de alguna manera, resumen lo bueno y lo malo que, desde mi experiencia, ha supuesto el DEA; lo que he sacado de provecho, y lo que me ha parecido una pérdida de tiempo.

De positivo, voy a repetir cosas que ya dije, porque ya las intuía o ya las sentía así antes de terminar esta etapa, y añadiré otras, de las que he sido consciente a posteriori.
  • Si te lo tomas mínimamente en serio, el DEA te sirve de entrenamiento o simulacro general para una futura lectura de Tesis o una oposición a Profesor Titular de Universidad. Me muero sólo de pensar si esto hubiera sido mi Tesis en lugar de mi DEA. Ahora ya sé lo que es esto de prepararte para que un tribunal de profesores te evalúe.

  • Satisfacción y reafirmación personal. Ver el fruto de tu esfuerzo, valorado y objetivado. Siempre que el tribunal valga la pena, claro.

  • Que te conozcan más y mejor, tus propios compañeros de Departamento. En mi caso, creo que muchos creían que yo sólo era un profesor simpático, que posiblemente tenía buenos resultados como docente, pero que no daba un palo al agua, en lo que a investigación se refiere, o que no valía, o que no me sabía centrar. El día del DEA, me quedé tranquilo porque lo que expuse era sólido y consistente, sin ser una gran maravilla (no era una Tesis, pero tampoco un estudio con dos gráficas, ni un copiar y pegar de la bibliografía consultada, ni un PowerPoint con efectos graciosos).

  • Más allá de que te conozcan, también pones tu trabajo delante de todos, y te lo valoran, no sólo en el sentido de evaluar, sino en el sentido de que le dan el valor que tiene. Yo, como decía, sé que mi trabajo estaba bien, pero me di cuenta, al exponerlo y al escuchar los comentarios de mis compañeros-Tribunal, de la (mucha o poca) magnitud y trascendencia de mi trabajo. Sé, mejor que antes de exponerlo, lo mucho o poco consistente que es, cuál es su validez científica. En mi caso, sentí que me enriquecía exponer el trabajo. Está muy relacionado con el punto anterior. El día siguiente a la exposición, algún compañero ya estaba dándome sugerencias sobre cómo mejorarlo o sobre por dónde continuar... Es como si hubiera ganado un poco de reconocimiento, como si ahora ellos me vieran en otro nivel, un poco (que no lo estoy). Pero, sobre todo, he puesto mi trabajo a la luz, y eso le da vida, y lo valida.

  • Relacionado con todo lo anterior, y como colofón, ahora tengo más claro que antes cómo enfocar mi Tesis, y mis pasos futuros relacionados con el trabajo desarrollado en el Doctorado (artículos, etc.). No sé; quizás alguien pueda pensar al leer esto que necesito demasiado de la aprobación de los demás... No es eso. Pero al obligarme a cerrar el trabajo de Doctorado e intentar que fuese algo bien presentado, y al escuchar los comentarios de los demás, me doy cuenta de que lo que he hecho realmente tiene validez, y sé que puedo seguir adelante.

  • De hecho, ese es otro beneficio. Repito; ahora es cuando siento que he dado un paso, en el que consolido todo lo que he hecho, y que puedo seguir adelante (hacia la Tesis). Y tomo fuerzas para ello. Es un empujón hacia delante.


Si lo piensas, es un trámite. Muy mal tiene que estar el trabajo de investigación para que te suspendan en el DEA...

Vamos con lo negativo.
  • Lo primero es lo que he dicho. Es un trámite. No es otra cosa que eso. Y el esfuerzo que hay que dedicarle es desproporcionado a la validez real y objetiva que tiene. La mayoría de los beneficios arriba mencionados son más subjetivos que objetivos.

  • Si dura demasiado, puede convertirse en una losa que pesa demasiado (como cualquier cosa que no consigues terminar y que condiciona el poder seguir avanzando). Esto es agravado de nuevo por el hecho de que, en el fondo, se trata de un trámite. O sea, además de ser un trámite, puede condicionar seriamente el resto de cosas realmente importantes que llevas entre manos.

  • Si tienes la desgracia de que tu Tesis NO está relacionada con tu DEA (por el motivo que sea), el DEA se convierte en un bonito experimento, en una bonita experiencia, sí, pero también en una perfecta pérdida de tiempo. Para preparar la Tesis, tendrás que partir de cero, y repetir todo el proceso que ya seguiste para ese maldito DEA (empezando por la búsqueda bibliográfica, y siguiendo por quedarte en blanco, etc.; revivir el calvario desde la casila de salida). No digo que este sea mi caso, por suerte, pero sí que es cierto que mi Tesis no es una exacta continuación de mi DEA, sino un tema relacionado; el DEA seguramente se convertirá en un capítulo final de mi Tesis, pero este verano ya estuve iniciando una nueva revisión bibliográfica para mi Tesis, como quizás recordaréis.

  • Y hago referencia a mi anterior post para mencionar el resto de cosas negativas que ya nombré allí, y que se pueden resumir en el agobio y el estrés, y la sensación de estancamiento y de no terminar nunca, que se experimentan cuando estás metido en harina, pero que después se olvidan rápidamente, la verdad.


Por último, comentaré que intento seguir siendo el mismo. Como comentaba arriba, quizás ahora algunos me conocen mejor, y valoran más mi capacidad como investigador, pero yo intento no creérmelo, no hacer como algunos que leen la Tesis y ya se creen que pueden permitirse el dar consejos a todo el mundo, y hablan como si fuesen ministros, o qué sé yo.

Quiero seguir siendo el mismo. De momento, creo que no me ha dado por ese engreimiento o subidón, ni, por otro lado, tampoco he sentido ningún bajón por el sobreesfuerzo de estos días pasados. Esperemos seguir así. Ahora, sólo busco normalidad, rutina, organizar mi tiempo...

El nivel de los estudiantes

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¿Vosotros sabéis que los libros no están sólo para hacer bonito en las estanterías?

Que tengas que decirle eso a un alumno de Universidad (de una Universidad española, no lo olvidemos) es para reír, por no llorar, porque realmente es triste. Pero es así.

Se trata de una anécdota auténtica, protagonizada por mi compañero Chus y dos alumnos suyos. Y eso que son de los que van a tutorías, o sea, de los que supuestamente se interesan por la asignatura y van a preguntar cuando no entienden algo.

Yo suelo ser más sutil, pero es cierto que a veces te dan ganas de preguntar a algún alumno cómo aprobó le aprobaron la ESO.

Sin faltar al respeto, pero es lo que hay. Existen profesores mediocres, horribles, pasotas, deficientes... pero también hay (y abundan) alumnos que creen que ir a clase es como ir al cine (o al fútbol), gente que no se sabe en qué estaban pensando ellos o sus padres cuando decidieron mandarlo a la Universidad. ¿Qué les hemos hecho nosotros?

No, no, en serio... No pasa nada. Aquí los aguantamos muy bien, pero lo de educarlos era en el colegio, no aquí. En mis clases, encuentro de todo. Desde alumnos muy buenos, brillantes, etc., hasta alumnos que muestran un interés CERO por todo, maleducados, inmaduros..., pasando por el alumno no muy inteligente pero trabajador y responsable. Y a todos intento explicarles el temario; pienso en todos (o lo intento) cuando preparo mis clases, y cuando las imparto. Bueno, mi pensamiento, en concreto, es: "Estoy dándoos esto, es para vosotros. Quien quiera, que lo tome y lo aproveche". Es decir, aquí estamos para facilitar la tarea del aprendizaje. Siempre he dicho que me siento un facilitador... Mi director de Tesis dice que somos como entrenadores; vale, también me gusta.

Ahora, el que viene a pasar el rato, mejor que se quede en casa. Aquí no impartimos (de momento) ningún Máster en Mus y otros Juegos de Cartas con Baraja Española (tendría éxito... ¿no?).

PD: Ahora recuerdo que ya hablé de esto, desde un punto de vista con un enfoque más irónico, metafórico y reflexivo, no tan quejica como hoy.

Mucho tiempo que se va (y ya no vuelve)

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Estos últimos días no he tenido mucho tiempo de escribir. Aun así, no quería dejar de contar aquí cómo fue la semana pasada y cómo se presenta esta.

Me está costando mucho arrancar... Sigo diciendo esto, y eso que ya estamos casi terminando octubre.

La semana pasada fue muy tranquila. Tuve mis clasecitas, y se supone que todo el resto del tiempo fue para avanzar en la memoria del DEA. Al finalizar la semana, la memoria estaba prácticamente igual que al comienzo. Y eso que utilicé parte del tiempo del domingo, día en que me había planteado no hacer nada de trabajo, y así poder resetear, descansar y estar con mis amigos, mi familia, etc.

Hubo días de la semana pasada en que no me pude concentrar. Una mañana tuve que ir a buscar un papel, una factura, para poder cobrar a través del Departamento mi viaje al congreso de finales de septiembre.

Otra mañana, Póker, de la cual ya os hablé en una ocasión, llegó al despacho de Zoe y mío bastante hecha polvo, por diversos asuntos que lleva entre manos, y... bueno, hubo que estar con ella, de alguna manera.

O sea, que algo de distracciones sí tuve, pero no tantas como para no haber hecho nada. Además, sé que he perdido el tiempo, que me he despistado haciendo lo que no tenía que hacer...

Bueno, sea como sea, esta semana creo que la empiezo más centrado. Ya veremos si termino con esta memoria...

6 años

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Bueno, una semana más (o una semana menos, según se mire).

En esta semana, comencé el lunes con una típica resaca post-congreso: demasiada gente transitando por nuestro despacho. El despacho en el que estamos Zoe y yo está al final de un pasillo, pero cerca del despacho de Secretaría de nuestro Departamento. Entonces, por una cosa o por otra, siempre tenemos mucha gente pululando por nuestro despacho; gente que viene a saludar, o que viene a preguntar algo, etc. Yo a veces digo que eso parece como el plató de 7 Vidas: entra un personaje, dice su gracia, y se va; y van sucediéndose los personajes, uno tras otro.

Y el lunes, era peor que la vuelta de las vacaciones, peor que el día después de un partido de fútbol: los comentarios post-congreso.

Bueno, pero salvando el lunes, la normalidad, la otra cara de la rutina buena (la rutina mala sería la monotonía), se ha instalado ya, gracias a Dios, en mi día a día. [Cuan repelentemente escribo hoy...]

Esta semana comencé las clases de una asignatura en la que sólo doy prácticas. Para entendernos: en este cuatrimestre sólo imparto prácticas de una asignatura, y teoría y prácticas de otra. En ambas asignaturas, soy el profesor responsable (que no mola mucho, pues no supone demasiado reconocimiento y sí más trabajo).

Además, el número de alumnos en ambas asignaturas es bastante reducido, la verdad. En la que sólo doy prácticas, hay matriculados 13, y están viniendo a clase casi todos. Así da gusto dar clase, la verdad.

En la otra asignatura, hay unos 34 matriculados (todavía está cerrándose el periodo de matriculación, etc.), pero a clase asisten regularmente unos 15 ó 20. Con estos ya hace unas semanas que comencé.

En general, este curso tengo buenas sensaciones, por el momento. La parte buena de tener pocas clases este cuatrimestre es que voy más relajado, y creo que he empezado siendo menos rollero que otros años y más atento a que la gente se entere más.

La que también se ha estrenado este año es mi compañera Zoe: es el primer año que imparte clase de teoría; hasta ahora, únicamente había dado prácticas.

Se lo está tomando con mucho interés y lo está haciendo muy bien, la verdad. Se la ve muy animada. Y eso que no es una profesora que sólo se dedique a docencia...

Me explico: en este Departamento, y en esta Universidad, antiguamente no se premiaba mucho la investigación (todo lo contrario que ahora). Como consecuencia, abundan mucho los profesores que no saben o no quieren investigar, o simplemente les gusta más dar clase, prepararse sus clasecitas, sus powerpointcitos, sus evaluaciones semanales o quincenales, sus practiquitas... Que está muy bien, y yo soy de los que pierde bastante tiempo preparando material docente, pero... aquí también estamos para investigar.

Bueno, pues Zoe se ha dedicado bastante a investigar, y lo sigue haciendo. El curso pasado leyó la Tesis Doctoral —¿cuándo llegaré yo...?—, y hasta entonces minimizaba el tiempo dedicado a docencia, impartiendo sólo prácticas (no tienes que preparar tanto material, porque muchas veces ya está hecho, y, aunque a veces has de corregir prácticas, no sueles tener que corregir exámenes). Ahora ya ha empezado con clases de teoría. Y lo está haciendo muy bien. Dice que es una cosa que siempre había deseado hacer: poder explicar a la gente cosas... Es genial oír algo así de un profesor, porque... es tan poco frecuente, a veces...

Yo, el próximo 15 de octubre cumpliré 6 años en esta Universidad... Me veo muy distinto a cuando entré y, sobre todo, con más experiencia (obviamente; malo sería si no lo viera así).

Y, sin querer ser en absoluto paternalista ni tirar demasiado de nostalgia, la verdad es que cuando veo cómo se prepara Zoe las clases, y cuando me cuenta las dificultades con que se encuentra y las anécdotas que le van sucediendo... me acuerdo de cuando yo empezaba.

Mi experiencia es que el primer año vas un poco perdido y no sabes ni cómo acabas dando las clases. Pero también, a veces, el primer año que impartes una asignatura es de los que mejor te salen, porque te la preparas casi al mismo tiempo que la vas impartiendo, de manera que lo tienes todo muy fresco, muy reciente, y lo intentas explicar para que lo entiendan, tal cual (algo que debería ser siempre así, pero que, por oscuros motivos, no lo es).

6 añitos ya... Espero que sean muchos más.

Un congresito más a la saca

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Bueno... Como ya comenté, la semana pasada estuve en un congreso que tuvo lugar en una ciudad de España.

PowerPoint, mi amigo del almaEl principio de la semana, todavía aquí, en mi Universidad, fue realmente estresante, porque hasta el mismo día en que partía hacia dicha ciudad estuve terminando de preparar las ponencias que tenía que presentar.

Al final, todo valió la pena. Académicamente, el congreso no tiene mucho nivel, la verdad, pero el programa lúdico-festivo suele estar bien. A todo ello hay que añadir que la compañía fue muy agradable (fuimos varios compañeros del Departamento juntos), así como la ciudad, que no conocía, y que me sorprendió gratamente.

Además... Desconecté muchísimo. Vuelvo con energías y ganas renovadas. Es que no se puede empezar el curso estando ya quemado... Me vino bien para resetear, como se suele decir.

Una cenaEn la cena de clausura del congreso tuve la ocasión de charlar con compañeros de otro Departamento de mi misma Universidad. La conversación giró entorno a la (poca) calidad de las clases que imparten algunos profesores, y a lo poco que se valora en la Universidad el tiempo que dedicas a la docencia. Muchas veces te sale más rentable ser un profesor seco o arisco con tus alumnos (desagradable, en definitiva), para quitarte trabajo de encima. Lo que te premian más es la investigación; más bien, lo único, prácticamente. Tanto que, si no eres lo suficientemente productivo en cuanto a artículos, ponencias, etc., tu futuro en la Universidad está muuuuy chungo.

En esa cena, una compañera me decía que está muy bien que a mí me guste dar bien las clases, preparar el material para los alumnos,etc., pero que, por desgracia, eso no se valora. Ni siquiera en las encuestas que se realizan a los alumnos se ve reflejado ese esfuerzo, a veces.

Yo he llegado a la conclusión de que no quiero ser ni el típico profesor que suspende a todos ni el que va de colegui y los aprueba sin examen ni nada. Sólo quiero (más bien, es una necesidad) sentirme cómodo con lo que hago. Por ejemplo, no me sentiría cómodo dando clase sin habérmelo preparado bien.

Pero tampoco me sentiría cómodo si no hiciera todo lo posible por realizar una investigación de calidad, algo que valga la pena, algo decente, al menos; no hace falta que sean resultados espectacularmente relevantes. Con que sea algo relativamente novedoso, bien hecho y bien comunicado y explicado, me conformo. Que no es poco.

Rita dice que me exijo mucho a mí mismo, pero es que es eso; es que, si no lo hiciera así, no me sentiría cómodo con lo que hago.

Ahora mismo, realmente, creo que estoy consiguiendo dedicar el mínimo tiempo posible a la docencia, fuera de las clases en sí, ya que este curso he conseguido "repetir" en todas las asignaturas que daba clase el año pasado, y en algunas ya llevo dando clase 2 ó 3 años (e incluso más); con lo cual, la verdad es que el tiempo de preparación de clases es muy inferior al de años anteriores.

Pero, claro, para que eso sea posible ahora, en cursos anteriores me he tenido que currar transparencias, colecciones de ejercicios y cuestiones, etc.

Me sigue picando el gusanillo de preparar alguna publicación docente en el futuro. Ya tengo publicado, con mi compañera de despacho Zoe, un libro de problemas. Eso sí que te lo puntúan, en el aspecto docente (es de las pocas cosas que cuentan). Y supondría la evolución lógica, después de tantos años preparando transparencias, prácticas, ejercicios y demás material docente. Rentabilizar ese esfuerzo.

Por cierto, coincidí en el congreso con antiguos compañeros de estudios que ahora son profesores en otras universidades y, hablando con ellos, me di cuenta de que NO en todas las universidades el tema de los créditos que deben impartir los profesores funciona exactamente igual a como yo lo expliqué en mi caso... ¿Quiere esto decir que, sin querer, he estado "dando pistas" de a qué Universidad pertenezco? No lo sé... En todo caso, es verdad que los más pringaíllos impartimos un máximo de 33 créditos (lo cual, por cierto, le pareció a mi antiguo compañero de estudios una barbaridad).

Primera clase del cuatrimestre, y despedidas

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Tanto hablar de los alumnos, y no me había dado tiempo a comentar que el jueves, a las 8 de la madrugada, comencé mis clases en uno de los centros en los que tengo docencia este cuatrimestre.

No hice la típica clase de presentación "y a casa"; empecé ya con el primer tema del temario. Es necesario, porque si no, se pasa el cuatrimestre volando.

Creo que no los llegué a dormir del todo... Las primeras clases a veces son un poco aburridas, porque son temas introductorios, en los que has de presentar "de qué va" la asignatura...

Mi compañera de despacho, Zoe, también comienza la semana que viene, en otra carrera, y el temario es muy parecido, así que estuvimos hablando, compartiendo y comparando cómo damos ese primer tema de introducción... Siempre es interesante mejorar, buscar nuevos ejemplos, hacer que la clase sea lo más participativa, dinámica, interactiva y amena que sea posible... (bueno, muchas cosas son).

Sobre mis alumnos del jueves, todavía no puedo decir mucho... Estaban muy callados y dormidos, como es normal. Todavía he de ganármelos un poco. Lo que pasa es que este año me siento con menos ganas de contar chistes en clase (es un recurso; pero tampoco hay que pasarse de gracioso, claro); y forzarlo no sale bien. Creo que yo también estaba un poco dormido.

El jueves también tuvimos el último examen de septiembre, por la tarde (sí, en algunos centros han comenzado ya las clases, pero en otros aún duraba la tortura de los exámenes). Esperábamos mucha gente, pero al final se presentaron muy pocos alumnos. Yo sólo tuve 8 10 exámenes, y los corregí esa misma noche en casa.

Por cierto, que a eso de las 10 y media de la noche, me llamó al móvil Zoe, mi compañera de despacho. Me resultó un poco raro que me llamase a esa hora...

Resulta que esa noche habíamos quedado para cenar, varios profesores, para despedir a AC, un compañero, que se va a otra universidad durante al menos 1 año. ¡Se me había olvidado por completo! Que desastre...

AC es uno de los compañeros de los que más he aprendido
en los años que llevo aquí, de momento. Es serio, pero muy cachondo a la vez. Sabe dar buenos consejos y tiene las ideas muy claras, tanto en docencia como en investigación. Y siempre que lo he necesitado he encontrado en él ayuda y comprensión.

Por cierto (otra vez), ayer también tuvimos una comida para despedir a cuatro profesores que se jubilan; aunque fue un poco raro, porque a la comida faltó bastante gente del departamento y, además, sólo pudieron acudir dos de los cuatro protagonistas (uno no vino por recomendación médica, ya que está un poco delicado del corazón; el otro, simplemente, pasó, como siempre ha hecho con todo).

Uno de los homenajeados, fiel a su fama e imagen de bon vivant, nos dio el siguiente consejo: "No os dediquéis tanto a la ciencia, y dedicaos más a vivir la vida, que sólo son cuatro días". Tomo nota. El otro hizo algo más parecido a un discurso, y destacó que se le han pasado más rápido todos los años de trabajo en la universidad que sus años de estudiante...

Terminé la semana sintiéndome a gusto con todo y con todos, la verdad. Suena raro, pero es así.

Resumen de la semana anterior

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¡¡¡Se me acumula la faena!!!

Está claro que durante el curso no voy a poder escribir tanto como durante el mes de agosto, y eso que todavía no han comenzado las clases...

Resumo en plan telegráfico algunas cosas de la semana pasada que se me quedaron en el tintero:

La semana estuvo marcada por la previa del examen de esta semana (como en los partidos de fútbol). Al final, vinieron algunos alumnos a las tutorías del viernes (siempre apurando hasta última hora...), incluido un alumno muy... curioso, que recuerdo que siempre que llegaba a clase sacaba de su mochila un bote de lápices y bolígrafos, como de escritorio, en lugar del típico estuche. Sus preguntas en estas tutorías fueron también un poco especiales.

Después, en la Universidad se resolvieron las ayudas para viajar a congresos, y ni a mí ni a muchos de mis compañeros nos las han dado. Tampoco nos han concedido (a mi grupo de investigación) una ayuda que habíamos solicitado para un proyecto. Las cosas se están volviendo más complicadas; es cada vez más difícil que te aprueben un proyecto.

Y una frase de una compañera a tiempo parcial, a la que llamaré Póker —¿alguien todavía no se ha dado cuenta de que los nombres que utilizo aquí son figurados?— que anda bastante agobiada con diversos temas personales y profesionales: "Es mi vida... Es como el que es moreno: por mucho que se tiña, siempre le aparece la raya". No creo que sea la última frase de Póker que incluya aquí.
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